Y la anterior, y la otra, y la de más allá…. diez años lleva ya este garito animando la noche palmense con notable éxito.
Situado en una zona en la que abundan los bares de copas populares y con solera (el Guincho, el Hueco, el Timbeque…), y ocupando el local de la calle Cebrián esquina Eusebio Navarro en que durante mucho tiempo estuvo el Bar Espada, el Bote es un bar sin pretensiones que se ha hecho a lo largo del tiempo con una clientela fiel, a la vez que capta continuamente nuevo público, sobre todo universitario.
El local es amplio (una barra bastante grande y tres salas, dos de ellas con mesas y una con bancos pegados a la pared), las copas tienen precios razonables (desde 1.10 los botellines a 2.8 los cubatas con ron del país, pasando por los 1.70 de las jarras de medio litro de cerveza), y cuenta con una breve carta para comer algo en la que entre bocadillos varios, papas arrugás y medias de carnecochino, destacan una media docena de distintas hamburguesas vegetarianas a base de tofu, soja y arroz. En sus primeros años también tenían una variada oferta cultural, con exposiciones y actuaciones, pero estas casi han desaparecido y de esos tiempos tan sólo queda alguna exposición muy de cuando en cuando y la posibilidad de comprar alguno de los discos de grupos locales que tienen a la venta. No obstante, si les va la movida cultural alternativa de tardenoche, justo enfrente está el Café Despacio, del que hablaremos un día de estos.
El Bote abre toda la semana, a eso de las siete y media de la tarde (mejor vayan a partir de las ocho, por si acaso) y hasta la una y media de la mañana de domingo a miércoles y hasta las dos de la mañana jueves, viernes y sábado. Dependiendo del día el ambiente que puede encontrarse uno (o una) es bien distinto. De lunes a miércoles, y los domingos por la tarde, es un bar bastante tranquilo donde ir a comer algo y tener una charla distendida tomando una cervecita. Jueves y sábados es tomado por una muchedumbre de jóvenes, y si se quiere comer algo, es mejor llegar a las nueve o antes, ya que a partir de las diez diez y media, es un hervidero de gentes de todas las edades y tribus urbanas, con mayoría de universitarios protohippies. El día grande son los viernes, donde no es raro que a partir de las once de la noche sea una odisea simplemente entrar.
Tan variada como la gente que lo frecuenta son las rutas que empiezan en el Bote. Para muchos, es el lugar de la arrancadilla, la primera copa de la noche acompañada de algo que echar al buche. De ahí, se puede uno quedar en las inmediaciones e ir a los cercanos Macondo o Timbeque; salir (incluso a pie, si la noche es agradable) a la zona Triana-Vegueta, donde están el Charleston, el Cuasquías, la Veguetita o los locales de la calle Mendizábal; o pillar un taxi y ponerse en cinco minutos en la zona Puerto.
Un último detalle, no por ello menos importante: además de una carta de rones bastante amplia para lo que uno espera encontrar en un bareto, tienen Clipper de fresa, ¡en botella de cristal!

¡Clipper para todos!